Lo malo no es el frío, es el viento

Si estamos al aire libre y tenemos frío, nos ponemos al resguardo del viento. Esta acción nos parece intuitiva.

En los días ventosos no siempre podemos fiarnos de la marca del termómetro para elegir cuánto abrigo vamos a usar al salir de casa. Además de la temperatura del aire, hay otras variables meteorológicas que influyen en el frío que una persona puede sentir.

Para cuantificar esta diferencia de temperaturas entre lo que sentimos y lo que marca el termómetro usamos la “Sensación Térmica”. Su función es dar una idea del grado de confort que siente el cuerpo, o dicho de otra manera, expresa de una forma más fidedigna la temperatura que sentimos al estar al aire libre.

Termodinámicamente hablando, la sensación de frío no es otra cosa que el calor escapando de nuestro cuerpo. Cuanto mayor sea la diferencia entre la temperatura de la piel y  del ambiente, más calor se va a escapar y más frío vamos a sentir.

¿Por qué tenemos más frío?

El calor de nuestro cuerpo pasa al aire que está en contacto con la piel, proceso que se conoce como conducción. Cuando hay poco viento, se forma una pequeña capa de aire a nuestro alrededor que recibe el calor y aumenta su temperatura haciendo que la  pérdida de calor del organismo disminuya.

Pero cuando las condiciones se tornan ventosas,  constantemente se elimina la fina capa de aire caliente que se encuentra sobre la piel. Cuanto más fuerte sea el viento, más calor se perderá  y más frío se sentirá.

Los peligros del enfriamiento por el viento

En algunas condiciones extremas, la hipotermia o el congelamiento pueden llegar en cuestión de pocos minutos. Con temperaturas de 7°C bajo cero y vientos de 60 km/h, la sensación térmica va a estar cerca de -17°C, o sea 10 grados menos que si hubiera calma. Y si el viento aumenta hasta los 90 km/h, situación muy común en la alta montaña, en solo 2 horas podríamos comenzar a experimentar los síntomas del congelamiento.

Este índice -que llamamos sensación térmica-  toman algunas consideraciones:

  • Velocidad del viento a 1.50 m de altura (altura promedio de la cara del ser humano).
  • Se basa en un modelo que tiene en cuenta el rostro humano
  • Incorpora la teoría de transferencia de calor entre la piel y el medio ambiente.
  • Considera una persona en movimiento con una velocidad promedio de alrededor de 5 km/h.
  • Utiliza una tipificación de la resistencia del tejido de la piel del ser humano.
  • Asume el escenario más desfavorable en cuanto a la radiación solar: por la noche y con cielo despejado, cuando la pérdida de calor al espacio exterior es máxima.

Fuente: Servicio Meteorológico Argentino

https://www.smn.gob.ar/noticias/lo-malo-no-es-el-fr%C3%ADo-es-el-viento